Joel Valdez: De traficante de droga a portador de esperanza
Cuando tenía diez años su madre lo recogió en la República Dominicana y se lo llevó a Suiza, concretamente a la barriada de la Langstrasse en Zurich, el centro de la droga y la prostitución. En su relación con los jóvenes comprendió rápido que el que no se impone, se hunde.
La violencia cotidiana le repelía, pero acabó acostumbrándose a ella. Con los puños consiguió hacerse respetar. Pronto tuvo su propio equipo de traficantes; el dinero y el alcohol eran derrochados a raudales. En algún momento empezó también a consumir.
La evolución endureció y fue a peor tanto en lo que respecta a las drogas, como a las peleas. Varias veces fue detenido en prisión preventiva. En una pelea entre dos cuadrillas le rompió a uno la nariz, de nuevo fue detenido y esta vez también juzgado.
En el reformatorio conoció a un pastor, del cual inicialmente no quería saber nada. Si bien las conversaciones con él sobre su vida le sentaban bien. Para su sorpresa la oración en comunión conjunta le daba paz interior; por primera vez confiaba en una persona.
La fe de aquel pastor empezó a interesarle. Quería cambiar, pero seguía siendo imprevisible.
Cuando en una ocasión amenazó a una pedagoga social, la medida correctiva fue suspendida.
Excarcelado intentó salir adelante por el camino legal. Comenzó un aprendizaje, pero el pasado se le volvió a echar encima. Tras otra medida correctiva fracasada, la justicia decidió cerrar su expediente. Fue puesto en libertad. Sin dinero, sin trabajo, sin techo, decidió buscar ayuda en el pastor de la streetchurch. Éste lo alojó en una vivienda compartida con otros chicos. Con apoyo del pastor postuló a puestos de trabajo, pero todo parecía ser inútil. Como equilibrio al peligro del aburrimiento, el pastor le pidió que limpiara las ventanas de su casa. A esto le siguieron las ventanas del vecino. Así surgió la iniciativa «Los jóvenes limpios a favor de ventanas limpias».
La actividad social de la streetchurch comenzó con el excarcelado dominicano y, entretanto, apoya a 25 jóvenes en el proceso de reintegración social.
Durante un tiempo parecía ir todo bien … sin embargo, él seguía sintiéndose solo y las antiguas compañías no lo dejaban tranquilo. Cientos de veces se negó y tan solo una vez cedió, se dejó convencer para un gran golpe, el cual desencandenó en la detención que lo llevaría a ser expulsado del país.
El regreso a la República Dominicana fue doloroso; la pobreza y la falta de porvenir paralizante. De inmediato tomó conciencia de su situación: o bien caía definitivamente en picado o remontaba de una vez. Decidió intentar la segunda opción. Cada trabajo que encontraba lo aceptaba agradecido, independientemente de lo mal pagado que estuviera. Una vez más le tocaba el papel de marginado y morder el polvo, pero luchó y experimentó que la fe que había conocido a través del pastor, lo fortalecía ante toda dificultad. Por ese motivo, buscaba una y otra vez el contacto con él, juntos leían la Biblia por Skype o al teléfono y oraban. Echaba de menos la streetchurch y la comunidad, mientras paralelamente iba conociendo jóvenes de su entorno, sin porvenir, sin esperanza. Y así empezó a desarrollarse una visión: ofrecer a la juventud en La Vega lo que él había vivido en la streetchurch de Zurich, una organización que se ocupara de sus problemas y les ofreciera una perspectiva.
Pero sobre todo deseaba que tuvieran a alguien con quién hablar sobre sus preocupaciones, miedos y sobre su fe, la cual había promovido el cambio que estaba teniendo lugar en él.
Sin más rodeos los invitó a su casa y así comenzó la primera reunión de grupo. En los primeros años pidió a menudo al pastor que lo visitara, pero no consiguió convencerlo hasta que llegó el momento de bautizar a su primera hija. Al mismo tiempo, tenía un gran deseo: La familia de su novia y, por tanto, también su propia hija, vivían en condiciones precarias en una cabaña de latón. Tres generaciones compartiendo un espacio limitado, agravado por la avanzada demencia de la madre. Él mismo quería ponerse manos a la obra y facilitar la vida de aquella familia reconstruyendo su casa.
El pastor empezó a organizar y a recaudar fondos. Entretanto la reforma ha sido terminada, pero el trabajo sólo acaba de empezar: ¡Amor puede todo!
Así es, el amor puedo todo y mucho más: Joel Valdez quiere afianzar los encuentros bíblicos, mientras pone en marcha reconstrucciones adicionales para los más pobres del vecindario. La asociación La Vega apoya y evalúa regularmente el proyecto. Tanto Joel Valdez como la asociación son conscientes de que ni van a vencer la pobreza, ni a solucionar los tremendos problemas de este país. Sin embargo, gracias a la ayuda de todos vosotros y a nuestro compromiso seremos capaces de fortalecer la personalidad de la juventud, dar ánimo a las familias y contribuir a una actitud solidaria de aquellas barriadas tan pobres.
Joel suele decir «La pobreza limita a las personas en todos los ámbitos de sus vidas». Juntos queremos al menos desplazar esas barreras, con el fin de conseguir que esas personas ganen en espacio y se puedan desarrollar. Muchas gracias por vuestroapoyo.